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FELICIDAD

"Se puede aprender a ser feliz" (Stefan Klein)

"Lo que convierte la vida en una bendición no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo que hacemos" (GOETHE)


     Todos buscamos la felicidad. Pero ¿existe la felicidad? ¿es posible encontrarla? ¿qué tenemos que hacer para ser felices? ¿tenemos derecho a ser felices en medio de un mundo lleno de sufrimientos, de injusticias y de desgracias?

      La felicidad puede abordarse desde muy diferentes puntos de vista.

      Y son muchos los factores que influyen en que seamos más o menos felices. He aquí algunos de ellos que se asoman a mi cabeza en este momento intuitivamente y de un modo espontáneo y desordenado:

     - El ser humano aspira a ser feliz. Pero muchas veces no lo consigue. Y casi todos estamos de acuerdo en que la felicidad plena no existe.

     - La felicidad no se busca, se encuentra.

     - Para ser felices lo primero que tenemos que hacer es no tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio. No somos imprescindibles. Somos seres vivos limitados en el tiempo y en espacio. Vamos a morir. Y el universo seguirá existiendo después de nosotros. Tenemos que aceptar nuestra realidad y nuestras limitaciones.

     - Para ser felices también tenemos que ser flexibles, con nosotros mismos y con los demás. La realidad cambia constantemente y debemos ser moldeables para ir adaptándonos en cada momento a las circunstancias con las que nos encontramos. Una persona excesivamente rígida nunca podrá ser feliz. - Y una de las formas de expresar nuestra flexibilidad es a través del perdón. Perdonar no significa olvidar; significa echar fuera de nosotros el veneno del odio y del rencor, pasar página y seguir hacia adelante. El perdón es cardiosaludable. El perdón es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos.

     - La felicidad tiene condicionantes físicos, psíquicos, afectivos, sociales, económicos, políticos, éticos, religiosos...

     FÍSICOS: Buena salud, buena alimentación, un poco de ejercicio… Si nuestro cuerpo está enfermo y tenemos dolor es muy difícil que nos sintamos felices. Tener una buena salud ayuda mucho a lograr la felicidad.

     PSÍQUICOS: el equilibrio emocional es también uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta el edificio de nuestra felicidad.

     AFECTIVOS: Los aspectos físicos y los psicológicos están íntimamente unidos entre sí, y se retroalimentan mutuamente. Un buen equilibrio psicológico ayuda mucho para tener una buena salud, y a la inversa. Esta interrelación entre los aspectos físicos y psíquicos se produce muy especialmente en el campo de la sexualidad. Y el tener una sexualidad satisfactoria es un buen punto de apoyo para lograr la felicidad. Y la sexualidad está íntimamente ligada a la vida afectiva. La vida sexual es plenamente satisfactoria cuando además de ser placentera y divertida está envuelta en amor, cariño, ternura y afecto.

     El afecto se muestra muy especialmente en la relación de pareja. Y se tiene una buena relación de pareja cuando el otro no es una carga, ni una limitación, sino un gozo, una alegría, una fiesta, y una expresión de libertad.

     El afecto se vive también intensamente en las relaciones con la familia. El tener una familia sólida y equilibrada, que transmite paz, seguridad, apoyo incondicional, y amor… es una buena base para asentar nuestra felicidad.

     Y no debemos olvidad a los amigos. La amistad beneficia siempre, decía Séneca. La amistad es quizás el vínculo que está más cerca de la puerta que conduce a la felicidad.

     Pero las relaciones afectivas (sean de pareja, de familia o de amistad) no caen del cielo. Hay que construirlas. Y nosotros somos también parte de esa construcción. Debemos preocuparnos especialmente por ser generosos. DAR es la mejor forma de sembrar afecto. El tener unas relaciones afectivas sanas y saludables depende principalmente de nosotros mismos. Si somos personas sanas, equilibradas y generosas es muy probable que acabemos rodeándonos de personas que también lo sean.

     SOCIALES, POLITICOS, ECONÓMICOS: Si se vive en medio de la pobreza y si no se tienen cubiertas las necesidades básicas (alimento, vivienda…) puede ser difícil encontrar la felicidad. Y si se vive en medio de la opulencia, rodeado de guardaespaldas, atenazado por el miedo a un asalto o a un secuestro… también resulta difícil ser feliz.

     La injusticia impide la felicidad de todos, tanto de los opresores como de los oprimidos. Los opresores tendrán mala conciencia, y miedo, miedo a que les maten, secuestren... o al menos miedo a perder sus privilegios. Y los oprimidos tendrán hambre, paro, dificultades económicas de todo tipo, y sufrirán por su pobreza y por sentirse maltratados...

     En cambio una sociedad justa es un campo abonado para que en el crezca más fácilmente la felicidad.

     Si se vive en una sociedad en la que no hay libertad será también más difícil ser feliz.
En cambio si viviéramos en una sociedad libre y justa, y todos tuviéramos medios económicos suficientes para llevar una vida digna, si los ricos fueran menos ricos y tuvieran menos miedo a que les robasen, si los pobres fueran menos pobres y tuvieran menos miedo a morirse de hambre… si todos pudiéramos pensar libremente sin estar manipulados, si nadie fuera discriminado ni perseguido por sus ideas… si viviéramos en un mundo mejor a todos nos resultaría más fácil ser felices.

     "Las sociedades con un mayor nivel de bienestar son aquellas en las que hay un mayor nivel de igualdad social. La felicidad no es un asunto solamente individual, sino que depende de un entorno más justo, en el que se respeten los derechos humanos, se cuide el medio ambiente y exista el apoyo social". (Carmelo Vázquez)

      La felicidad es, por tanto, una conquista individual y social.

     Pero dado que no vivimos en un mundo ideal… ¿Tenemos derecho a ser felices en medio de un mundo lleno de dolor, de sufrimiento, de injusticias…?

     Pienso que tenemos el derecho y la obligación de ser felices... y de sembrar alegría y felicidad y energía positiva a nuestro alrededor... y al mismo tiempo trabajar por un mundo más justo en el que lograr la felicidad sea más fácil...

     ETICOS: un comportamiento éticamente correcto genera paz interior, que es la raíz principal del árbol de la felicidad.

   RELIGIOSOS: Algunos piensan que algunas creencias religiosas, al imponer determinadas obligaciones morales muy estrictas, limitan y disminuyen la felicidad de las personas que las siguen. Está claro que si la religión se entiende y se vive así, como un conjunto de normas y de obligaciones, no ayuda a ser feliz…

     Pero hay personas que viven su fe de otra manera: como la creencia en un Dios que ama, que perdona, que ayuda a ser mejor persona… En este caso la religión no dificulta la felicidad sino que ha hace más fácil. Creer en un Ser Superior y en un alma inmortal ayuda a encontrar una y otra vez razones para la esperanza, especialmente en situaciones difíciles. Y la esperanza facilita la felicidad.

    Además son muchos los que dicen que las mayores cotas de felicidad las han alcanzado en momentos en los que han tenido profundas vivencias espirituales, normalmente compartidas con otras personas. Estas vivencias son incomprensibles para el no creyente.

     Y hay también quien piensa que todos los seres somos pequeñas gotas de la divinidad, y que todos formamos parte de un Ser superior. Esta idea relativiza casi todos los problemas, entre ellos el de la muerte, y hace más fácil alcanzar la felicidad.

     - Por otra parte, a veces vemos que la nuestra vida sigue caminos que nosotros no hemos elegido. Son las circunstancias las que nos han puesto en un determinado camino y nosotros nos hemos limitado a seguirlo. Vivimos en la mayor parte de los casos una vida que nosotros no hemos elegido. Con estos presupuestos nos podemos preguntar: ¿nuestra felicidad depende de nosotros o de las circunstancias en las que nos ha tocado vivir? Si el camino de nuestra vida viene marcado por circunstancias ajenas a nosotros… podría parecer que muy poco podemos hacer…

     Creo que hay que diferenciar entre el camino y el modo en que se anda ese camino. En la vida a veces podemos elegir nosotros el camino que queremos seguir. E incluso podemos cambiar de camino. Pero aún en el caso de que sigamos el camino que nos viene marcado por circunstancias exteriores y que no seamos nosotros los que elegimos nuestro camino… lo que siempre podemos hacer es decidir el modo en que queremos andar ese camino. Y esto vale tanto para el trabajo, como para el matrimonio, la familia, los amigos… etc. Un frutero puede que lo sea porque heredó la frutería de sus padres… pero luego puede vender la fruta con alegría y con amor o hacerlo con desdén. Puede ser el mejor y el más feliz frutero del mundo… o puede ser un completo amargado. Y eso no depende del trabajo que tiene, sino de cómo lo hace cada día.

     Y lo mismo sucede con el matrimonio, con la familia, con los amigos… Lo importante es la actitud con la que se vive cada momento y cada circunstancia. No importa tanto lo que nos sucede cuanto el cómo vivimos lo que nos sucede. Y esto último sí que depende de nosotros.

      - Algunos piensan que el secreto para encontrar la felicidad está en adecuar nuestros deseos a nuestras posibilidades. “No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”.

     Si hay mucha distancia entre lo que deseamos y lo que realmente podemos lograr nos sentimos profundamente insatisfechos, es decir, no somos felices.

      "Es imposible ser feliz cuando los deseos no están en proporción con lo que se puede lograr" (Plutarco)

     - La felicidad no se logra teniendo muchas cosas. En gran medida para ser feliz es necesario NO TENER. No tener odio, no tener rencor, no tener envidia, no tener orgullo... No tener expectativas desmesuradas... no tener demasiados deseos, no tener apego a las cosas... Ennadarse. Practicar el desapego.

     Y, hablando en positivo, se puede decir también que las siguientes cosas ayudan a ser feliz:

     Ser libre, perdonar siempre, ser bondadoso, ser generoso, ser respetuoso con todos y con todo, AMAR de corazón a las personas, a todos los seres vivos, y a todas las cosas que forman la Madre Tierra en la que vivimos, transmitir buena energía y buenas vibraciones a todo lo que está a nuestro lado...

      No juzgarse y no juzgar a los demás.

      Ser paciente. Ser agradecido.

     - La filosofía oriental muchas veces insiste en que para ser feliz es necesario aquietar la mente y desarrollar la conciencia. La mente es como un caballo que está siempre corriendo para adelante y para atrás, llevándonos continuamente a preocuparnos por el futuro que todavía no existe y a entristecernos por un pasado que ya no se puede cambiar. Y esto no nos ayuda nada.

     No sirve de nada pasarse la vida lloriqueando de arrepentimiento por cosas que hemos hecho en el pasado. Hay que pasar página. Nuestro pasado forma parte de nosotros pero ahora ya no lo podemos cambiar.

     Y tampoco merece la pena estar continuamente agobiados por el futuro. Muchas veces sufrimos un montón al preocuparnos por determinadas cosas que pensamos que nos pueden llegar a suceder dentro de un tiempo. Y la mayor parte de las veces esas cosas realmente no se producen. Con lo cual hemos sufrido en vano, de un modo estúpido.

     Por eso la filosofía oriental insiste en el AHORA. No estar en el pasado ni en el futuro, VIVIR EN EL PRESENTE. Ser consciente.      

     La mente es nuestro nivel más superficial. Debemos aquietar la mente y bajar a un nivel más profundo, que es el nivel del sentimiento. Y podemos lograrlo a través de nuestro cuerpo, y a través de la respiración y de la meditación. Pero el nivel del sentimiento es todavía un nivel intermedio. El nivel más profundo hacia el que debemos caminar es el nivel de la CONCIENCIA, del SER. Cuando hemos aquietado nuestra mente y ya no estamos dominados por ella ni por el ego. Y cuando hemos seguido profundizando y hemos atravesado también el nivel de las emociones y de los sentimientos… entonces podemos llegar a un tercer nivel, más profundo, que es el nivel de la conciencia, donde nos sentimos unidos al SER, y, de este modo, unidos a todos los seres que existen. Cuando llegamos al nivel de la conciencia se borra el espacio, se borra el tiempo, solo existe el presente, el aquí y ahora, infinito y eterno. En ese nivel todos los problemas se relativizan, e incluso la muerte carece de importancia; propiamente incluso se puede decir que realmente la muerte no existe, porque no es muerte sino mero cambio o transformación.

     Y así llegamos a saber y a sentir que todos somos uno, pues todos formamos parte del mismo SER, y somos pequeñas gotas de la divinidad. Es ahí donde podemos encontrar la felicidad. Y el que no se lo crea solo tiene que mirarle a la cara a un Lama.

"...we are all little drops of divinity" (Nuala, Irlanda)

      - LA NEUROFELICIDAD: La felicidad también puede ser observada desde el punto de vista del funcionamiento de nuestro cerebro. Y entonces podemos hablar de la neurofelicidad. Nuestro cerebro es una máquina maravillosa y muy compleja. Cada persona nace con unos determinados condicionantes sociológicos y genéticos. No es lo mismo nacer en Suiza que hacerlo en Etiopía. No es lo mismo nacer en el seno de una familia acomodada que hacerlo en el de otra sumida en la extrema pobreza. Las posibilidades de desarrollo personal van a ser muy diferentes en un caso y en el otro. Y por otra parte, cada persona viene al mundo con unos determinados genes, y eso va a determinar que sea más o menos inteligente, y que tenga una mayor o menor predisposición para ser feliz. ¿Quiere esto decir que todo está predeterminado y que no podemos cambiar nada? Evidentemente no. Es cierto que los que nacen en mejores condiciones pueden tener el camino más fácil. Pero eso no quiere decir que las condiciones sociales y genéticas que existen en el momento del nacimiento sean inmutables. Todos podemos ser más felices de lo que somos, más allá de nuestros condicionantes genéticos y sociales.

      Nuestro cerebro no es inmutable. En cierto modo se puede REPROGRAMAR.

     Cuando recibe determinados estímulos positivos nuestro cerebro produce determinadas sustancias químicas que son las que nos hacen sentir bien: serotonina, dopamina, opioides, oxitocina… Estamos hablando de lo que se podría llamar la neuroquímica de la felicidad.

      ¿Podemos influir de algún modo en nuestro cerebro para modificarlo de modo que aumente su capacidad y facilidad de producir estas sustancias que nos hacen sentir bien? ¿O esto es algo que depende de cada persona y de la genética con la que cada uno ha nacido? A veces parece que algunas personas han nacido con una genética que les predispone a ser felices y otras con otra genética que les obliga a vivir siempre amargados. Es cierto que existe el condicionante genético y la predisposición, pero esto no es totalmente inmutable. Podemos influir en nuestro cerebro para cambiarlo un poquito. Igual que podemos influir en nuestro cuerpo a través del ejercicio físico cuando nos entrenamos para un determinado fin. La predisposición es importante. Pero el entrenamiento también influye.

      ¿Y cómo podemos cambiar, modificar, reprogramar… nuestro cerebro? A través de lo que pensamos, sentimos o hacemos. Para potenciar y fortalecer las partes, circuitos y conexiones de nuestro cerebro que generan sustancias que nos hacen sentir felices debemos enviarle a nuestro cerebro estímulos positivos. ¿Cómo podemos hacerlo? Procurando: tener pensamientos positivos y apartar los pensamientos negativos, sentir emociones positivas (amor, alegría...), y enviando a nuestro cerebro mensajes agradables y positivos a través de nuestros cinco sentidos clásicos: vista, oído, olfato, gusto y tacto.

“El ser humano puede ser el escultor de su propio cerebro si se lo propone” (Santiago Ramón y Cajal)

(TODO ESTE ULTIMO APARTADO RELATIVO A LA NEUROFELICIDAD ESTÁ BASADO EN LOS APUNTES QUE TOMÉ DURANTE UNA CONFERENCIA IMPARTIDA EN VIGO POR LA DOCTORA DOÑA MANUELA MARTINEZ ORTIZ DURANTE LAS XXII XORNADAS DE FILOSOFÍA, en el mes de octubre de 2014; Y si algún error se encontrara en lo dicho debe atribuirse a un error del que tomó los apuntes y no de la conferenciante).

 

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